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El poder de la escritura. Margarita
Drago destaca su carácter reparador.
Imagen: Alfredo Celoria
La Capital (Rosario, Argentina)
Año CXXXVII No 49590
Domingo, 09 de septiembre de 2007
enlace: La
Capital ::: on line
[testimonio] - una experiencia carcelaria
Grabado en la memoria
Margarita Drago fue presa política entre
1975 y 1980 en Rosario y Buenos Aires. Una historia
que ahora relata a través de un libro
Osvaldo Aguirre / La Capital
Un libro hecho de recuerdos fugaces. Con historias y
palabras que no dejaron de resonar y que al mismo tiempo
parecían resistirse a ser reveladas. Margarita
Drago no se puso un día a escribirlo, ni siquiera
se dijo a sí misma que iba a contar su experiencia
como presa política en Rosario y Buenos Aires
durante la última dictadura. Simplemente no dejó
de pensarlo, ni de escribirlo, y por eso, cuando al
fin lo tuvo listo, lo llamó “Fragmentos
de la memoria”.
Fue detenida en octubre de 1975. Estuvo en la alcaidía
de mujeres de la ex Jefatura de Policía de Rosario
y luego en la cárcel de Villa Devoto. Al ser
liberada, en 1980, se radicó en Estados Unidos,
donde todavía reside. Y después de 23
años sin volver, estuvo en Rosario para presentar
su libro en el Museo de la Memoria.
Allí se reencontró con algunos de los
alumnos a los que daba clase en una escuela de la zona
oeste. Como antes, cuando fueron a visitarla a la ex
Jefatura, apenas se enteraron de que estaba detenida.
“Fue muy emotivo —dice—. Lloré
mucho y todavía no lo puedo digerir, es una mezcla
muy grande de emociones”.
Escribir sobre su experiencia significó imponerse
a una dificultad. “Me costaba elaborar fundamentalmente
la experiencia personal —explica—. La reflexión
sobre cómo uno se siente como un ser humano despojado
de todo. Cuando recuperé la libertad, lo primero
que hice fue denunciar con nombre y apellido a los responsables
de los crímenes y dar nombres de compañeros
muertos y desaparecidos. Pero la otra reflexión,
la mirada más íntima, me costó
mucho trabajo”.
El diálogo con amigas y escritoras le ayudó
a revisar el pasado. “No solamente tenemos que
hablar de las cuestiones ideológicas y políticas
sino también del ser humano, de cómo se
siente alguien que es víctima de la represión.
Mostrar al ser humano con sus aristas débiles
y sus aristas valiosas. Y pienso que es importante porque
nos muestra como somos, no como robots o como aquellos
arquetipos que pretendíamos ser”. Quizás
por eso insiste en destacar el carácter reparador
de la palabra, y de la escritura: “Hablar de la
intimidad, de lo que sufrí, me ayudó a
tomar distancia. Y en la distancia la escritura me ayuda
a entenderme, a aceptarme, y en ese proceso de aceptación
me sana, me cura, aunque la herida sea imborrable”.
De una familia de obreros, Margarita Drago fue maestra
en la escuela de la iglesia Nuestra Señora de
Pompeya y militante en el gremio docente. “Mi
militancia empezaba desde la mañana, cuando me
preparaba para ir a dar clases a la escuela. Yo no era
maestra de enseñar a leer y escribir, o de enseñar
literatura, para mí enseñar era hablar
de libertad, de justicia. Ahí sentía que
estaba militando; y cuando iba a Villa Banana a dar
clase los sábados y a hablar con los niños”.
“Fragmentos de la memoria” está hecho
de relatos breves, ordenados en tres partes. En “La
alcaidía de mujeres de Rosario”, Drago
reconstruye el primer período de su cautiverio,
desde su detención, en su casa de la zona oeste
de Rosario; “La cárcel de Villa Devoto”
describe la vida cotidiana de las presas a través
de relatos sobre los calabozos de castigo, las requisas
de los carceleros y el rol siniestro de un sacerdote,
entre otros episodios; y “Homenajes” recuerda
experiencias y relaciones tramadas en el encierro.
“Haber sido una detenida del gobierno de Isabel
en cierto sentido me favoreció —dice Margarita
Drago—. Hasta diciembre de 1975 tuvimos visitas
de contacto en la cárcel. Así pude volver
a ver a mis estudiantes de séptimo grado, que
fueron a visitarme, como también el cura del
barrio, maestras y vecinos”.
Antes de caer presa, escribe en el libro, “me
sentía atrapada, y no podía compartir
con nadie la angustia que me provocaba el miedo”.
Y en la ex Jefatura de Policía esa sensación
se mantuvo. “Hablar de que uno tenía miedo
era sinónimo de estar quebrado. Pero con una
mujer pude hablar abiertamente de mis miedos, y eso
me ayudó”.
El trabajo de la memoria es por definición fragmentario.
Y en permanente construcción. “Hay muchas
cosas que me quedaron pendientes en este libro —comenta
al respecto—. Ahora que hablo con la gente me
estoy enterando de otras cosas. Y hay un tema que me
hubiese gustado profundizar todavía más.
Yo cuento en el libro que me enamoré de una mujer,
pero de ese tema no se hablaba. En los códigos
de la militancia y en el marco de la sociedad argentina
estaba prohibido no sólo hablar de eso sino enamorarse”.
La cárcel no es aquí un hecho del pasado
sino una de las circunstancias que marcó una
vida y que no deja de surgir en el presente. “La
convivencia con las mujeres, el nivel de solidaridad
y entrega y las relaciones íntimas y profundas
que yo desarrollé en la cárcel no las
volví a tener con la intensidad y la profundidad
con que las viví en la cárcel”,
dice Drago. Y a la vuelta de los años “mi
militancia sigue, porque sigo siendo la misma mujer
que creció en un barrio y se dedicó a
educar niños”
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