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ENTREVISTA A PAQUITA SUÁREZ COALLA
Editorial CAMPANA, Estados Unidos
1. ¿Cuándo empiezas a escribir y por qué?
Escribo por necesidad y desde siempre. De todos modos,
no es hasta que llego a los Estados Unidos, en el año
1994, que empiezo a escribir con conciencia de escritora.
La razón principal, que he explicado en numerosas
ocasiones, es que en España –donde hice
mi licenciatura y mi doctorado en Literatura, en la
Universidad de Oviedo–, carecía de modelos
que reconocieran como literatura lo que yo quería
escribir. La literatura de mujeres era escasa y minusvalorada;
el mundo de la gente del campo –al que yo pertenezco–
era normalmente visto en la literatura desde afuera;
y el asturiano, lengua en la que espontáneamente
empiezo a escribir en Nueva York, era una lengua despreciada
que luchaba, y sigue luchando, por ser reconocida como
tal.
2. ¿Y todos esos modelos que parecía
que no existían en España los encontraste
aquí?
En primer lugar tengo que decir que la lejanía
física de mi tierra fue de lo más saludable
para empezar a escribir sin complejos. Ya desde el principio
me encontré con muchas obras y escritores –escritoras
más que nada– con los que me identifiqué
de inmediato y me animaron a escribir. Me fascinó
el fenómeno de la literatura chicana y hubo un
autor absolutamente revelador que fue Tomás Rivera
con su obra …y no se lo tragó la tierra.
Recuerdo que cuando leí esa obra por primera
vez, muy a principios de los 90, pensé: Yo podría
escribir historias como éstas. Aún sin
saberlo entonces, había encontrado un modelo
literario. No fue hasta años más tarde,
años incluso después de haber escrito
el libro Para que no se me olvide, que me di
cuenta de que esa voz coral de los trabajadores temporales
que van haciendo la cosecha en el Suroeste de los Estados
Unidos es muy parecida a la misma voz colectiva de las
mujeres del campo que yo reflejo en mi obra. A la hora
de escribir yo no tenía presente el trabajo de
Rivera, pero las coincidencias existen. Además
de obras como ésta, tuvieron enorme influencia
las reuniones de la Tertulia de Escritoras Dominicanas,
dirigidas por Daisy Cocco de Filippis, donde empecé
a leer lo que iba escribiendo. El ambiente de la tertulia
era muy diferente a cualquier ambiente literario al
que yo estaba acostumbrada y eso no sólo me dio
confianza, sino, más importante aún, me
hizo entender que el concepto de “literatura universal”
no se ajustaba simplemente a lo que mí me habían
enseñado. Conocer a la escritora cubana Sonia
Rivera-Valdés, de quien luego me hice gran amiga,
fue decisivo para mi carrera literaria.
3. ¿Dónde se difundieron tus
obras por primera vez?
Hasta el momento sólo he publicado en España,
concretamente en Asturias. El primer libro que publiqué,
en la editorial Trabe en el 2001, fue un libro de testimonios
de las mujeres del campo de Asturias, nacidas en las
tres primeras décadas del siglo pasado, titulado
La mio vida ye una novela (Mi vida es una novela).
El libro tuvo muy buena acogida en Asturias y ya se
ha hecho una segunda edición. En el 2003 publiqué
la colección de cuentos Pa nun escaeceme
(Para que no se me olvide), que sale ahora en español
en Campana, y en el 2006 una antología de escritor@s
latin@s de Nueva York, Aquí me tocó
escribir, todos ellos en la editorial Trabe.
4. ¿Podrías explicar tu decisión
de escribir en asturiano?
Realmente no fue una decisión premeditada. Yo
llevaba años escribiendo en español cuentos
relacionados con el mundo de mi infancia en el campo
y, de pronto, y de una manera absolutamente espontánea,
empecé a escribir en asturiano. Me di cuenta
de que el asturiano me permitía expresar el mundo
rural en el que me crié de una manera más
auténtica que el español. Yo trabajo mucho
con lo oral, con las voces de la gente –concretamente
de las mujeres– y el asturiano se me imponía.
Después del primer cuento –“Consejos”–
vinieron todos los demás cuentos del libro Pa
nun escaeceme y todos ellos los escribí
con una facilidad que a mí misma me asombraba.
Fue un libro que escribí muy rápido porque
es un libro muy cercano a mis sentimientos y emociones.
5. ¿Cuál es tu relación
con la literatura en lengua asturiana que se hace en
Asturias?
Yo sigo un poco a salto de mata la producción
literaria que se escribe en asturiano, hasta cierto
punto por razones lógicas, pues no es hasta que
voy por los veranos a Asturias que puedo comprar los
libros que me interesan. Tengo buenas relaciones con
algunos de los escritores –como Berta Piñán,
Esther Prieto, Antón García, Marta Mori,
Consuelo Vega, Pablo Antón Marín Estrada…–,
pero nunca me he parado a pensar dónde estoy
yo dentro del grupo. Por paradójico que resulte
me considero una escritora neoyorquina: los cuentos
que escribo en asturiano le deben mucho a mi vida en
Nueva York.
6. ¿Qué hay en común entre
el libro de cuentos Para que no se me olvide
y el libro de testimonios La mio vida ye una novela?
Es el mismo mundo de las mujeres del campo con las que
me crié y con las que en buena medida me identifico.
Yo quería dar voz a ese colectivo sistemáticamente
ignorado y silenciado que ha contribuido a hacer del
mundo rural lo que es y que ha servido de forma constante
de sustento del núcleo familiar dentro y fuera
de la casa. Desde siempre, en Asturias, las mujeres
han trabajado en el campo compartiendo las faenas con
los hombres, y han sido las únicas encargadas
de las tareas domésticas y de la crianza de sus
hijos. Cuando los hombres empiezan a trabajar en fábricas,
o en el ferrocarril, o en las minas, a las mujeres les
tocará desempeñar buena parte del trabajo
del campo y aunque no voy a negar que los hombres trabajaran
mucho, las mujeres –sin reconocimiento de ningún
tipo– trabajaron más. Cuando llegaban a
casa, los hombres iban al bar a tomar un vaso de vino
o a echar la partida. Para las mujeres nunca hubo descanso.
A final de mes a los hombres les llegaba un sueldo que
con demasiada frecuencia se reservaban únicamente
para ellos. Las mujeres nunca cobraron nada y la jubilación
viene a ser la única recompensa económica
que reciban en toda su vida. Demasiado poco y demasiado
tarde.
7. En tus cuentos está siempre presente
el mundo de la niñez en tu Asturias natal. ¿Escribes
desde la nostalgia? ¿Escribirías lo mismo
de haber seguido viviendo en España?
No creo que escriba desde la nostalgia. Más bien
siento que escribo desde una lucidez muy saludable que
la lejanía física me proporciona. Es posible
que hubiera escrito lo mismo, pero tal vez desde una
perspectiva diferente.
8. Da la impresión de que en tu literatura
hay mucho de testimonial. ¿Dónde están
los límites en tus cuentos entre lo ficticio
y lo real?
Yo escribo de lo que conozco. De mi gente, mi familia,
de cosas que me han pasado a mí o a otras personas,
pero dándole más importancia a la esencia
de la historia que a los detalles. Y ahí es donde
entra en juego la ficción, porque los detalles,
cuando no me los sé o no me convienen por razones
literarias, me los invento.
9. ¿Qué te propones con tu literatura?
No quiero sonar pretenciosa, pero no miento si digo
que me propongo crear conciencia o, por lo menos, compartir
mi propia conciencia. Yo escribo desde mi identidad
de mujer perteneciente a un mundo campesino-obrero y
eso se refleja en mis historias. Quiero escribir de
ese mundo porque apenas se ha hecho y quiero hacerlo
además con una voz que no necesariamente se ajusta
a la reconocida por el canon literario. Quiero dar entidad
literaria a mi tierra y a mis gentes. Por eso hablo
siempre de Grullos –el pueblo en el que me crié–
y de mi madre, mi abuela, mi hermana, mis vecinas, y
lo hago en muchas ocasiones con su propio nombre, sin
cambiarlo, porque me interesa que si leen los cuentos
se reconozcan en ellos y sepan que su historia personal
no se va a perder del todo.
Desde pequeña he sentido fascinación por
esa literatura extremadamente realista que juega con
los límites de lo verdadero y lo ficticio y que
te hace creer que lo que se cuenta es verdad. Durante
el periodo de mi formación académica se
hablaba de la tradición del realismo en la literatura
española –remontándose al Poema
del Mio Cid– pero yo tenía la impresión
de que lo que en realidad se valoraba era un tipo de
literatura imaginativa, poblada de elementos fantásticos
e inverosímiles, y del que la épica francesa
se consideraba uno de los mejores exponentes. El concepto
de lo que es literatura no ha cambiado mucho desde entonces
en España. Recuerdo un cuento –que habré
leído cuando tenía seis o siete años–
que se desarrollaba en Grajal de Campos, un pueblo de
León al que iba a pasar todos los veranos con
mi familia. La historia hablaba de una competición
de galgos que iba a tener lugar en Sahagún, pueblo
cercano a Grajal, pero con reminiscencias urbanas, y
en el que mucha gente de Grajal iba a participar. Nosotros
estábamos familiarizados con la imagen de los
galgos vagabundeando por el pueblo y a Sahagún
íbamos caminando todos los sábados al
mercado. La idea de que el mundo que yo conocía
fuera parte de aquella historia me producía una
enorme satisfacción y al mismo tiempo una fascinación
que nunca jamás llegarían a producirme,
por ejemplo, las historias de Alicia en el país
de las maravillas. A todos nos gusta que hablen
de lo nuestro y los que siguen defendiendo la idea de
la literatura universal según los cánones
tradicionales no se dan cuenta de que los referentes
de esa literatura son tan estrechos y tan limitados
que ya no funcionan.
10. ¿Qué proyecto(s) estás
realizando en la actualidad?
Tengo un libro escrito en asturiano –El día
que nos llevaron al cine– que va a ser publicado
en breve en la editorial Trabe. También se está
traduciendo al inglés la antología de
cuentos Para que no se me olvide. Desde hace
año y medio empecé a escribir un diario
de mis hijas –de tres y cinco años–
que creo que se me está convirtiendo en libro.
Se titula “Parece un arco iris” y aunque
originalmente lo empecé a escribir para no olvidar
las cosas que hacen y sobre todo dicen las niñas
a esta edad –que son absolutamente increíbles–
también es una reflexión sobre la maternidad
y una vez más sobre mi propia infancia, analizada
ahora desde la perspectiva de la madre que ya soy. Estoy
además escribiendo otros cuentos en español,
pero es un proyecto muy reciente del que aún
prefiero no hablar.
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