Last Updated: Monday, January 29, 2007

ENTREVISTA A PAQUITA SUÁREZ COALLA
Editorial CAMPANA, Estados Unidos

1. ¿Cuándo empiezas a escribir y por qué?

Escribo por necesidad y desde siempre. De todos modos, no es hasta que llego a los Estados Unidos, en el año 1994, que empiezo a escribir con conciencia de escritora. La razón principal, que he explicado en numerosas ocasiones, es que en España –donde hice mi licenciatura y mi doctorado en Literatura, en la Universidad de Oviedo–, carecía de modelos que reconocieran como literatura lo que yo quería escribir. La literatura de mujeres era escasa y minusvalorada; el mundo de la gente del campo –al que yo pertenezco– era normalmente visto en la literatura desde afuera; y el asturiano, lengua en la que espontáneamente empiezo a escribir en Nueva York, era una lengua despreciada que luchaba, y sigue luchando, por ser reconocida como tal.

2. ¿Y todos esos modelos que parecía que no existían en España los encontraste aquí?
En primer lugar tengo que decir que la lejanía física de mi tierra fue de lo más saludable para empezar a escribir sin complejos. Ya desde el principio me encontré con muchas obras y escritores –escritoras más que nada– con los que me identifiqué de inmediato y me animaron a escribir. Me fascinó el fenómeno de la literatura chicana y hubo un autor absolutamente revelador que fue Tomás Rivera con su obra …y no se lo tragó la tierra. Recuerdo que cuando leí esa obra por primera vez, muy a principios de los 90, pensé: Yo podría escribir historias como éstas. Aún sin saberlo entonces, había encontrado un modelo literario. No fue hasta años más tarde, años incluso después de haber escrito el libro Para que no se me olvide, que me di cuenta de que esa voz coral de los trabajadores temporales que van haciendo la cosecha en el Suroeste de los Estados Unidos es muy parecida a la misma voz colectiva de las mujeres del campo que yo reflejo en mi obra. A la hora de escribir yo no tenía presente el trabajo de Rivera, pero las coincidencias existen. Además de obras como ésta, tuvieron enorme influencia las reuniones de la Tertulia de Escritoras Dominicanas, dirigidas por Daisy Cocco de Filippis, donde empecé a leer lo que iba escribiendo. El ambiente de la tertulia era muy diferente a cualquier ambiente literario al que yo estaba acostumbrada y eso no sólo me dio confianza, sino, más importante aún, me hizo entender que el concepto de “literatura universal” no se ajustaba simplemente a lo que mí me habían enseñado. Conocer a la escritora cubana Sonia Rivera-Valdés, de quien luego me hice gran amiga, fue decisivo para mi carrera literaria.

3. ¿Dónde se difundieron tus obras por primera vez?
Hasta el momento sólo he publicado en España, concretamente en Asturias. El primer libro que publiqué, en la editorial Trabe en el 2001, fue un libro de testimonios de las mujeres del campo de Asturias, nacidas en las tres primeras décadas del siglo pasado, titulado La mio vida ye una novela (Mi vida es una novela). El libro tuvo muy buena acogida en Asturias y ya se ha hecho una segunda edición. En el 2003 publiqué la colección de cuentos Pa nun escaeceme (Para que no se me olvide), que sale ahora en español en Campana, y en el 2006 una antología de escritor@s latin@s de Nueva York, Aquí me tocó escribir, todos ellos en la editorial Trabe.

4. ¿Podrías explicar tu decisión de escribir en asturiano?
Realmente no fue una decisión premeditada. Yo llevaba años escribiendo en español cuentos relacionados con el mundo de mi infancia en el campo y, de pronto, y de una manera absolutamente espontánea, empecé a escribir en asturiano. Me di cuenta de que el asturiano me permitía expresar el mundo rural en el que me crié de una manera más auténtica que el español. Yo trabajo mucho con lo oral, con las voces de la gente –concretamente de las mujeres– y el asturiano se me imponía. Después del primer cuento –“Consejos”– vinieron todos los demás cuentos del libro Pa nun escaeceme y todos ellos los escribí con una facilidad que a mí misma me asombraba. Fue un libro que escribí muy rápido porque es un libro muy cercano a mis sentimientos y emociones.

5. ¿Cuál es tu relación con la literatura en lengua asturiana que se hace en Asturias?
Yo sigo un poco a salto de mata la producción literaria que se escribe en asturiano, hasta cierto punto por razones lógicas, pues no es hasta que voy por los veranos a Asturias que puedo comprar los libros que me interesan. Tengo buenas relaciones con algunos de los escritores –como Berta Piñán, Esther Prieto, Antón García, Marta Mori, Consuelo Vega, Pablo Antón Marín Estrada…–, pero nunca me he parado a pensar dónde estoy yo dentro del grupo. Por paradójico que resulte me considero una escritora neoyorquina: los cuentos que escribo en asturiano le deben mucho a mi vida en Nueva York.

6. ¿Qué hay en común entre el libro de cuentos Para que no se me olvide y el libro de testimonios La mio vida ye una novela?
Es el mismo mundo de las mujeres del campo con las que me crié y con las que en buena medida me identifico. Yo quería dar voz a ese colectivo sistemáticamente ignorado y silenciado que ha contribuido a hacer del mundo rural lo que es y que ha servido de forma constante de sustento del núcleo familiar dentro y fuera de la casa. Desde siempre, en Asturias, las mujeres han trabajado en el campo compartiendo las faenas con los hombres, y han sido las únicas encargadas de las tareas domésticas y de la crianza de sus hijos. Cuando los hombres empiezan a trabajar en fábricas, o en el ferrocarril, o en las minas, a las mujeres les tocará desempeñar buena parte del trabajo del campo y aunque no voy a negar que los hombres trabajaran mucho, las mujeres –sin reconocimiento de ningún tipo– trabajaron más. Cuando llegaban a casa, los hombres iban al bar a tomar un vaso de vino o a echar la partida. Para las mujeres nunca hubo descanso. A final de mes a los hombres les llegaba un sueldo que con demasiada frecuencia se reservaban únicamente para ellos. Las mujeres nunca cobraron nada y la jubilación viene a ser la única recompensa económica que reciban en toda su vida. Demasiado poco y demasiado tarde.

7. En tus cuentos está siempre presente el mundo de la niñez en tu Asturias natal. ¿Escribes desde la nostalgia? ¿Escribirías lo mismo de haber seguido viviendo en España?
No creo que escriba desde la nostalgia. Más bien siento que escribo desde una lucidez muy saludable que la lejanía física me proporciona. Es posible que hubiera escrito lo mismo, pero tal vez desde una perspectiva diferente.

8. Da la impresión de que en tu literatura hay mucho de testimonial. ¿Dónde están los límites en tus cuentos entre lo ficticio y lo real?
Yo escribo de lo que conozco. De mi gente, mi familia, de cosas que me han pasado a mí o a otras personas, pero dándole más importancia a la esencia de la historia que a los detalles. Y ahí es donde entra en juego la ficción, porque los detalles, cuando no me los sé o no me convienen por razones literarias, me los invento.

9. ¿Qué te propones con tu literatura?
No quiero sonar pretenciosa, pero no miento si digo que me propongo crear conciencia o, por lo menos, compartir mi propia conciencia. Yo escribo desde mi identidad de mujer perteneciente a un mundo campesino-obrero y eso se refleja en mis historias. Quiero escribir de ese mundo porque apenas se ha hecho y quiero hacerlo además con una voz que no necesariamente se ajusta a la reconocida por el canon literario. Quiero dar entidad literaria a mi tierra y a mis gentes. Por eso hablo siempre de Grullos –el pueblo en el que me crié– y de mi madre, mi abuela, mi hermana, mis vecinas, y lo hago en muchas ocasiones con su propio nombre, sin cambiarlo, porque me interesa que si leen los cuentos se reconozcan en ellos y sepan que su historia personal no se va a perder del todo.

Desde pequeña he sentido fascinación por esa literatura extremadamente realista que juega con los límites de lo verdadero y lo ficticio y que te hace creer que lo que se cuenta es verdad. Durante el periodo de mi formación académica se hablaba de la tradición del realismo en la literatura española –remontándose al Poema del Mio Cid– pero yo tenía la impresión de que lo que en realidad se valoraba era un tipo de literatura imaginativa, poblada de elementos fantásticos e inverosímiles, y del que la épica francesa se consideraba uno de los mejores exponentes. El concepto de lo que es literatura no ha cambiado mucho desde entonces en España. Recuerdo un cuento –que habré leído cuando tenía seis o siete años– que se desarrollaba en Grajal de Campos, un pueblo de León al que iba a pasar todos los veranos con mi familia. La historia hablaba de una competición de galgos que iba a tener lugar en Sahagún, pueblo cercano a Grajal, pero con reminiscencias urbanas, y en el que mucha gente de Grajal iba a participar. Nosotros estábamos familiarizados con la imagen de los galgos vagabundeando por el pueblo y a Sahagún íbamos caminando todos los sábados al mercado. La idea de que el mundo que yo conocía fuera parte de aquella historia me producía una enorme satisfacción y al mismo tiempo una fascinación que nunca jamás llegarían a producirme, por ejemplo, las historias de Alicia en el país de las maravillas. A todos nos gusta que hablen de lo nuestro y los que siguen defendiendo la idea de la literatura universal según los cánones tradicionales no se dan cuenta de que los referentes de esa literatura son tan estrechos y tan limitados que ya no funcionan.

10. ¿Qué proyecto(s) estás realizando en la actualidad?
Tengo un libro escrito en asturiano –El día que nos llevaron al cine– que va a ser publicado en breve en la editorial Trabe. También se está traduciendo al inglés la antología de cuentos Para que no se me olvide. Desde hace año y medio empecé a escribir un diario de mis hijas –de tres y cinco años– que creo que se me está convirtiendo en libro. Se titula “Parece un arco iris” y aunque originalmente lo empecé a escribir para no olvidar las cosas que hacen y sobre todo dicen las niñas a esta edad –que son absolutamente increíbles– también es una reflexión sobre la maternidad y una vez más sobre mi propia infancia, analizada ahora desde la perspectiva de la madre que ya soy. Estoy además escribiendo otros cuentos en español, pero es un proyecto muy reciente del que aún prefiero no hablar.



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