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ENTREVISTA A SONIA RIVERA-VALDÉS
Editorial CAMPANA, Estados Unidos
1. ¿Qué condiciones familiares, de infancia
o estudios influyeron en los comienzos de tu vida intelectual?
¿Recuerdas un momento específico de "iniciación"?
La contestación de estas preguntas me ha tomado
capítulos completos de “El libro de los
aniversarios”, que espero se publique a fines
de este año o principios del próximo.
Cuando tenía siete años o acababa de cumplir
ocho, poco antes o poco después de terminarse
la segunda guerra mundial, vivía con mi madre,
padre y hermano en La Habana, en lo que hoy se conoce
como Centro Habana, en una habitación con un
baño y una cocina diminutos, al final de un oscuro
pasillo. En el capítulo en que he contado este
episodio de mi niñez describo el sitio como más
lóbrego que el peor de los que describe El lazarillo
de Tormes. Allí escribí mi primer cuento
que era un plagio total de mi cuento de hadas favorito.
A mi mamá no le gustaba cocinar ni ocuparse de
la casa, pero le gustaba contar cuentos y lo hacía
muy bien. Le enseñé a mi mamá,
llena de orgullo, lo que había escrito en unos
pliegos de papel satinado que no sé por qué
estaban en mi casa. Ella lo miró y me dijo qué
lindo, y continuó friendo plátanos maduros
enfrente del fogón de carbón. Sin embargo,
siempre he recordado la satisfacción que me produjo
escribir aquella historia, acostada boca abajo en el
piso de losas blancas y negras. Mis padres, aunque ninguno
de los dos estudió más allá de
la escuela elemental, eran ávidos lectores. El
era tabaquero y en las tabaquerías se leía
todos los días una hora por la mañana
y otra por la tarde y mi madre se crió leyéndole
a su padre adoptivo. En mi casa la lectura era parte
integral de la vida familiar aunque ningún beneficio
material se derivaba de ella.
2. ¿Cuál es el proceso de preparación
de una obra, las condiciones necesarias, los obstáculos
mayores, los momentos definidos de su "rutina"
creativa?
El mayor obstáculo que tengo para escribir es
la falta de tiempo. Enseño en York College, organizo
actividades y dedico tiempo a LART (Latino Artists Round
Table), organización cultural que fundamos entre
varias personas en 1999, y trabajo con otras organizaciones
culturales, como la Asociación de Estudios Dominicanos.
Tengo una vida familiar y social activa y desde hace
unos años tengo diabetes, lo que me ocupa muchísimo
tiempo si quiero mantenerme saludable. Escribo en las
grietas de los días y las noches, cada vez que
puedo sacar una o unas horas para hacerlo. Tengo una
rutina creativa mental muy activa porque constantemente
imagino historias, pero sentarme a escribir a determinada
hora todos los días, no lo hago. Quisiera hacerlo.
3. ¿De dónde surgen sus personajes,
y cómo surgen las ideas para los cuentos?
Las historias nacen, yo no sé cómo, en
un momento dado, algo que me han contado, que he visto,
que he vivido, que he soñado, crece y se convierte
en mi cabeza en una historia que toma una forma completa
cuando la escribo. Casi siempre la chispa que transforma
la historia de la vida real en historia literaria es
una frase, a veces una palabra. Así pasó
con “El octavo pliege”, uno de los cuentos
de Historias de mujeres grandes y chiquitas. Construí
la historia para usar esa frase, que a su vez tiene
una historia. Lo que hago es crear una historia que
conduzca un tema en el que tengo interés. En
el caso de “El octavo pliegue” se trata
del derecho que tenemos las mujeres para determinar
cómo van a ser nuestras relaciones amorosas.
Ese es un derecho que aún hoy en día muchos
hombres piensan que les pertenece y muchas mujeres ignoran
que lo poseen.
4. ¿Tú conociste personalmente
a Ana Mendieta?
Sí, fuimos muy amigas. De hecho en la “Nota
necesaria” que aparece al principio de Historias
de mujeres grandes y chiquitas menciono lo doloroso
que me resultó borrar su nombre y dirección
de mi libreta de teléfonos. A principios de la
década de los ochenta vivíamos las dos
en el West Village y ella me visitaba con frecuencia.
Siempre nos reuníamos en mi casa o en la de alguna
amiga común. Éramos miembras fundadoras
del Círculo de Cultura Cubana. Las cuatro historias
de “Los cuatro tiempos de Ana”, comenzaron
a escribirse cuando ella aún vivía. De
hecho, mi intención fue darle la historia de
“Ana y la varita mágica” como regalo,
pero murió antes de que la terminara porque me
demoró años resolver el final, qué
hace Ana con la varita. Quería que fuera algo
que dejara abierta la posibilidad del milagro y la de
la psicología. Ese cuento nació de una
anécdota de su vida que ella me contó
en la Nochebuena de 1981, que pasamos juntas, con un
grupo de amigas y amigos. Ana estaba muy triste porque
se había separado de su compañero, con
el que después regresó y con quien estuvo
hasta su muerte, el 8 de septiembre de 1985.
5. Háblame de Martirio Fuentes, ¿es tu
alter ego?
Esto lo ha dicho la crítica literaria con frecuencia.
Yo entiendo por qué lo dicen, pero creo que la
construcción de Martirio Fuentes, como la de
la mayoría de los personajes que desarrollo,
es más un proceso de “impersonation”,
de imitación de la conducta y las reacciones
del personaje creado. Puedo ponerme en el lugar de los
demás con facilidad. Pienso que esto lo aprendí
de niña, de muy pequeña, tratando de comprender
los cambios bruscos de humor y la depresión frecuente
de mi mamá a través de sus gestos y conducta.
6. ¿Existe un tema que atraviese todos
los cuentos de Historias de mujeres grandes y chiquitas?
Todas las protagonistas son capaces de hacer, sin sentimentalismos,
lo que tienen que hacer para seguir adelante con sus
vidas y en el caso de Ana Mendieta, con su eternidad.
7. ¿Qué criterio empleas a la
hora de tratar el tema de la homosexualidad en tus relatos?
El mismo criterio que empleo al tratar cualquier tipo
de relación humana. Describo y exploro la situación
planteada en el relato. Las relaciones humanas son sumamente
complicadas, cualquiera de ellas, las heterosexuales,
las gays, las lesbianas, las que sostenemos con la madre,
con el padre, con los hijos, con las hermanas y hermanos,
con los amigos. Creo que amargarse la vida y amargársela
a los demás, convertir en problema y hasta en
tragedia el hecho de que alguien comparta sus sentimientos
románticos y eróticos con una persona
del mismo sexo, es absurdo. Tan absurdo como complicar
la vida a alguien porque se enamore o se vaya a la cama
con alguien de otra raza, de otra religión o
de otra nacionalidad.
8. ¿Cómo haces para no cruzar la frontera
entre lo erótico y lo pornográfico?
Para mí, pornográfico es un texto cuyo
único propósito es excitar sexualmente.
Nunca he escrito algo así, no se me ocurre.
Escribo escenas de cama cuando las considero necesarias
para conducir la obra hacia el tema que quiero explorar,
y creo que tienen que ser lo más verosímiles
posibles. En mi opinión son muy pobres las historias
que suenan falsas.
9. ¿Crees que un artista puede ser buen
artista si se autocensura?
Es posible ser buen artista autocensurándose,
pero sería mejor artista si no se autocensurara.
10. Al leer tus cuentos, uno siente una gran
empatía con los personajes principales. ¿Cómo
lo logras?
Presto gran atención a lo que la gente me cuenta.
No lo hago con la intención de convertirlo en
literatura sino porque me interesa lo que la gente dice
y prestar atención a lo que te cuentan sin juzgarlo
te ayuda mucho a conocerte a ti o por lo menos a tratar
de conocerte. Yo me tengo una gran compasión
a mí misma. No lástima, lástima
no me tengo ninguna. Y de la forma en que me siento
a mí trato de sentir a los demás. Eso
es lo que hago cuando creo personajes. Trato de actuar,
pensar y sentir como lo harían ellos, de acuerdo
a su circunstancia.
11. Las mujeres de tus historias son mujeres
fuertes, que toman las riendas de su propio destino.
¿Está hecho a propósito?
Sí, está hecho a propósito.
12. ¿Para qué público trabajas?
¿Cuál sería tu público ideal?
Cada cual interpreta lo que lee, entre otros factores,
de acuerdo a sus vivencias, a sus experiencias, a su
conocimiento o desconocimiento del tema y del ambiente
en que se desarrolla lo que lee y a sus valores. Una
vez terminas de escribir un texto y se convierte en
materia de lectura, no eres dueña de cómo
lo interprete cada cual. Mi público ideal es
uno que lea lo que escribo porque quiere leerlo, no
porque se lo asignen como obligación en un curso
aunque me gusta que lo que escribo se lea en el salón
de clases, pero que lo lean con interés. Mi lectora
o lector ideal es aquélla o aquél que
es capaz de leer el texto y el subtexto de lo que dice
el cuento, quien se da cuenta de que aunque haya una
escena sexual explícita, por ejemplo, el cuento
completo significa otra cosa. Esto es lo ideal, pero
no me molesta en absoluto que le den distintas interpretaciones
a lo que escribo. Al contrario, me encanta cuando alguien
me dice que ha entendido algo que yo no había
visto ni tuve intención de decir. O creí
no tener intención de decir, quién sabe.
Una tiene tantos vericuetos en la cabeza y en el corazón.
13. ¿Cuáles son las ventajas y
desventajas de escribir en español cuando se
vive en los Estados Unidos?
Depende de cuáles son tus prioridades al escribir.
Si yo escribiera en inglés sería más
fácil la divulgación. Ahora, para que
un texto escrito en español llegue a la lectora
o lector que sólo lee inglés tiene que
pasar por el proceso de traducción, lo que toma
tiempo, encarece el libro y no es fácil encontrar
una buena o un buen traductor. Yo he tenido suerte porque
la persona que tradujo Historias de mujeres grandes
y chiquitas, Emily Maguire, es excelente y trabajamos
con mucha armonía, lo que es importante para
mí. Mi libro anterior, Las historias prohibidas
de Marta Veneranda también tuvo excelentes traductores
y traductora. La ventaja de escribir en español
es que si el libro que escribo es vendido en una librería
en La Habana o en Santo Domingo o en México,
cualquiera puede leerlo. Eso me da una gran satisfacción.
Y aquí, en los Estados Unidos, me interesa contribuir
a que exista una literatura en español.
14. ¿En qué espacios se ha difundido
su obra? ¿Cómo han sido sus relaciones
con el mercado?
En cierto sentido, mi obra ha sido dichosa. En otro,
no tanto. Me explico. Escribí Las historias prohibidas
de Marta Veneranda de la forma que quise, en un lenguaje
coloquial, a veces un tanto desafiante, no sólo
el estilo sino los temas y ganó un premio de
Casa de las Américas, algo que nunca pensé
iba a pasar cuando lo escribí. Se publicó
en Cuba. Sin agente literario y sin proponerlo se publicó
en España, en los Estados Unidos y está
publicada en Turquía. El problema es que tal
parece que el libro existe independiente de que lo haya
escrito alguien. A veces me entero de que está
siendo leído, por ejemplo, en Arberia, un lugar
que, francamente, tuve que buscar dónde estaba.
Se llama así a las provincias meridionales de
Italia, aquellas a donde hubo una fuerte inmigración
de Albania. No ha sido de mi agrado, por ejemplo, enterarme
por casualidad, porque la editorial nunca me lo notificó,
que Las historias prohibidas se habían publicado
en Turquía. Lo supe porque alguien las encontró
en Internet. Y tengo un cuento, “El beso de la
patria”, que se publicó por primera vez
en 1986, y aparece en otra antología, Album,
años más tarde, una antología que
el Board of Education (ahora Departamento de Educación
de la Ciudad de Nueva York) adoptó para ser leída
en cursos de Colocación Avanzada (Advanced Placement)
en escuela preparatoria y que se enseña en muchas
universidades, y supe que ese cuento estaba ahí
por un amigo maestro de preparatoria que me dijo un
día que a sus estudiantes les gustaba mucho.
Yo no sabía de qué cuento hablaba. Anécdotas
como estas tengo muchas más de las que quisiera
tener. Ahora estoy muy contenta de que lo que escribo
se publique en la editorial Campana. La relación
de esta editorial con los escritores y escritoras es
justa, es como debe ser.
15. ¿Por qué escribes?
Yo me lo pregunto con frecuencia. La respuesta más
cercana a lo que siento es que escribo porque me gusta
mucho hacerlo, porque es la mejor manera que he encontrado
de sentirme viva. Podría decir que es una manera
de poner mi mundo en orden porque escribir me da tranquilidad.
Puedo hacer un sinfín de cosas, hacer todo lo
que se supone que haga en un día o en una semana
y si no he escrito me da la sensación de que
no he hecho lo que debía. Tal vez… tal
vez siempre espero que mi madre va a leerlo y a decirme,
qué fantástico, Sonia. Pero mi madre,
cuando le enseñé aquel cuento que escribí
a los siete años, continuó friendo plátanos
maduros y ahora, está muerta.
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