Last Updated: Friday, January 19, 2007

ENTREVISTA A SONIA RIVERA-VALDÉS
Editorial CAMPANA, Estados Unidos


1. ¿Qué condiciones familiares, de infancia o estudios influyeron en los comienzos de tu vida intelectual? ¿Recuerdas un momento específico de "iniciación"?

La contestación de estas preguntas me ha tomado capítulos completos de “El libro de los aniversarios”, que espero se publique a fines de este año o principios del próximo. Cuando tenía siete años o acababa de cumplir ocho, poco antes o poco después de terminarse la segunda guerra mundial, vivía con mi madre, padre y hermano en La Habana, en lo que hoy se conoce como Centro Habana, en una habitación con un baño y una cocina diminutos, al final de un oscuro pasillo. En el capítulo en que he contado este episodio de mi niñez describo el sitio como más lóbrego que el peor de los que describe El lazarillo de Tormes. Allí escribí mi primer cuento que era un plagio total de mi cuento de hadas favorito. A mi mamá no le gustaba cocinar ni ocuparse de la casa, pero le gustaba contar cuentos y lo hacía muy bien. Le enseñé a mi mamá, llena de orgullo, lo que había escrito en unos pliegos de papel satinado que no sé por qué estaban en mi casa. Ella lo miró y me dijo qué lindo, y continuó friendo plátanos maduros enfrente del fogón de carbón. Sin embargo, siempre he recordado la satisfacción que me produjo escribir aquella historia, acostada boca abajo en el piso de losas blancas y negras. Mis padres, aunque ninguno de los dos estudió más allá de la escuela elemental, eran ávidos lectores. El era tabaquero y en las tabaquerías se leía todos los días una hora por la mañana y otra por la tarde y mi madre se crió leyéndole a su padre adoptivo. En mi casa la lectura era parte integral de la vida familiar aunque ningún beneficio material se derivaba de ella.

2. ¿Cuál es el proceso de preparación de una obra, las condiciones necesarias, los obstáculos mayores, los momentos definidos de su "rutina" creativa?
El mayor obstáculo que tengo para escribir es la falta de tiempo. Enseño en York College, organizo actividades y dedico tiempo a LART (Latino Artists Round Table), organización cultural que fundamos entre varias personas en 1999, y trabajo con otras organizaciones culturales, como la Asociación de Estudios Dominicanos. Tengo una vida familiar y social activa y desde hace unos años tengo diabetes, lo que me ocupa muchísimo tiempo si quiero mantenerme saludable. Escribo en las grietas de los días y las noches, cada vez que puedo sacar una o unas horas para hacerlo. Tengo una rutina creativa mental muy activa porque constantemente imagino historias, pero sentarme a escribir a determinada hora todos los días, no lo hago. Quisiera hacerlo.


3. ¿De dónde surgen sus personajes, y cómo surgen las ideas para los cuentos?
Las historias nacen, yo no sé cómo, en un momento dado, algo que me han contado, que he visto, que he vivido, que he soñado, crece y se convierte en mi cabeza en una historia que toma una forma completa cuando la escribo. Casi siempre la chispa que transforma la historia de la vida real en historia literaria es una frase, a veces una palabra. Así pasó con “El octavo pliege”, uno de los cuentos de Historias de mujeres grandes y chiquitas. Construí la historia para usar esa frase, que a su vez tiene una historia. Lo que hago es crear una historia que conduzca un tema en el que tengo interés. En el caso de “El octavo pliegue” se trata del derecho que tenemos las mujeres para determinar cómo van a ser nuestras relaciones amorosas. Ese es un derecho que aún hoy en día muchos hombres piensan que les pertenece y muchas mujeres ignoran que lo poseen.


4. ¿Tú conociste personalmente a Ana Mendieta?
Sí, fuimos muy amigas. De hecho en la “Nota necesaria” que aparece al principio de Historias de mujeres grandes y chiquitas menciono lo doloroso que me resultó borrar su nombre y dirección de mi libreta de teléfonos. A principios de la década de los ochenta vivíamos las dos en el West Village y ella me visitaba con frecuencia. Siempre nos reuníamos en mi casa o en la de alguna amiga común. Éramos miembras fundadoras del Círculo de Cultura Cubana. Las cuatro historias de “Los cuatro tiempos de Ana”, comenzaron a escribirse cuando ella aún vivía. De hecho, mi intención fue darle la historia de “Ana y la varita mágica” como regalo, pero murió antes de que la terminara porque me demoró años resolver el final, qué hace Ana con la varita. Quería que fuera algo que dejara abierta la posibilidad del milagro y la de la psicología. Ese cuento nació de una anécdota de su vida que ella me contó en la Nochebuena de 1981, que pasamos juntas, con un grupo de amigas y amigos. Ana estaba muy triste porque se había separado de su compañero, con el que después regresó y con quien estuvo hasta su muerte, el 8 de septiembre de 1985.


5. Háblame de Martirio Fuentes, ¿es tu alter ego?

Esto lo ha dicho la crítica literaria con frecuencia. Yo entiendo por qué lo dicen, pero creo que la construcción de Martirio Fuentes, como la de la mayoría de los personajes que desarrollo, es más un proceso de “impersonation”, de imitación de la conducta y las reacciones del personaje creado. Puedo ponerme en el lugar de los demás con facilidad. Pienso que esto lo aprendí de niña, de muy pequeña, tratando de comprender los cambios bruscos de humor y la depresión frecuente de mi mamá a través de sus gestos y conducta.

6. ¿Existe un tema que atraviese todos los cuentos de Historias de mujeres grandes y chiquitas?
Todas las protagonistas son capaces de hacer, sin sentimentalismos, lo que tienen que hacer para seguir adelante con sus vidas y en el caso de Ana Mendieta, con su eternidad.

7. ¿Qué criterio empleas a la hora de tratar el tema de la homosexualidad en tus relatos?
El mismo criterio que empleo al tratar cualquier tipo de relación humana. Describo y exploro la situación planteada en el relato. Las relaciones humanas son sumamente complicadas, cualquiera de ellas, las heterosexuales, las gays, las lesbianas, las que sostenemos con la madre, con el padre, con los hijos, con las hermanas y hermanos, con los amigos. Creo que amargarse la vida y amargársela a los demás, convertir en problema y hasta en tragedia el hecho de que alguien comparta sus sentimientos románticos y eróticos con una persona del mismo sexo, es absurdo. Tan absurdo como complicar la vida a alguien porque se enamore o se vaya a la cama con alguien de otra raza, de otra religión o de otra nacionalidad.


8. ¿Cómo haces para no cruzar la frontera entre lo erótico y lo pornográfico?

Para mí, pornográfico es un texto cuyo único propósito es excitar sexualmente. Nunca he escrito algo así, no se me ocurre.

Escribo escenas de cama cuando las considero necesarias para conducir la obra hacia el tema que quiero explorar, y creo que tienen que ser lo más verosímiles posibles. En mi opinión son muy pobres las historias que suenan falsas.


9. ¿Crees que un artista puede ser buen artista si se autocensura?
Es posible ser buen artista autocensurándose, pero sería mejor artista si no se autocensurara.


10. Al leer tus cuentos, uno siente una gran empatía con los personajes principales. ¿Cómo lo logras?
Presto gran atención a lo que la gente me cuenta. No lo hago con la intención de convertirlo en literatura sino porque me interesa lo que la gente dice y prestar atención a lo que te cuentan sin juzgarlo te ayuda mucho a conocerte a ti o por lo menos a tratar de conocerte. Yo me tengo una gran compasión a mí misma. No lástima, lástima no me tengo ninguna. Y de la forma en que me siento a mí trato de sentir a los demás. Eso es lo que hago cuando creo personajes. Trato de actuar, pensar y sentir como lo harían ellos, de acuerdo a su circunstancia.


11. Las mujeres de tus historias son mujeres fuertes, que toman las riendas de su propio destino. ¿Está hecho a propósito?
Sí, está hecho a propósito.


12. ¿Para qué público trabajas? ¿Cuál sería tu público ideal?
Cada cual interpreta lo que lee, entre otros factores, de acuerdo a sus vivencias, a sus experiencias, a su conocimiento o desconocimiento del tema y del ambiente en que se desarrolla lo que lee y a sus valores. Una vez terminas de escribir un texto y se convierte en materia de lectura, no eres dueña de cómo lo interprete cada cual. Mi público ideal es uno que lea lo que escribo porque quiere leerlo, no porque se lo asignen como obligación en un curso aunque me gusta que lo que escribo se lea en el salón de clases, pero que lo lean con interés. Mi lectora o lector ideal es aquélla o aquél que es capaz de leer el texto y el subtexto de lo que dice el cuento, quien se da cuenta de que aunque haya una escena sexual explícita, por ejemplo, el cuento completo significa otra cosa. Esto es lo ideal, pero no me molesta en absoluto que le den distintas interpretaciones a lo que escribo. Al contrario, me encanta cuando alguien me dice que ha entendido algo que yo no había visto ni tuve intención de decir. O creí no tener intención de decir, quién sabe. Una tiene tantos vericuetos en la cabeza y en el corazón.


13. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de escribir en español cuando se vive en los Estados Unidos?
Depende de cuáles son tus prioridades al escribir. Si yo escribiera en inglés sería más fácil la divulgación. Ahora, para que un texto escrito en español llegue a la lectora o lector que sólo lee inglés tiene que pasar por el proceso de traducción, lo que toma tiempo, encarece el libro y no es fácil encontrar una buena o un buen traductor. Yo he tenido suerte porque la persona que tradujo Historias de mujeres grandes y chiquitas, Emily Maguire, es excelente y trabajamos con mucha armonía, lo que es importante para mí. Mi libro anterior, Las historias prohibidas de Marta Veneranda también tuvo excelentes traductores y traductora. La ventaja de escribir en español es que si el libro que escribo es vendido en una librería en La Habana o en Santo Domingo o en México, cualquiera puede leerlo. Eso me da una gran satisfacción. Y aquí, en los Estados Unidos, me interesa contribuir a que exista una literatura en español.


14. ¿En qué espacios se ha difundido su obra? ¿Cómo han sido sus relaciones con el mercado?
En cierto sentido, mi obra ha sido dichosa. En otro, no tanto. Me explico. Escribí Las historias prohibidas de Marta Veneranda de la forma que quise, en un lenguaje coloquial, a veces un tanto desafiante, no sólo el estilo sino los temas y ganó un premio de Casa de las Américas, algo que nunca pensé iba a pasar cuando lo escribí. Se publicó en Cuba. Sin agente literario y sin proponerlo se publicó en España, en los Estados Unidos y está publicada en Turquía. El problema es que tal parece que el libro existe independiente de que lo haya escrito alguien. A veces me entero de que está siendo leído, por ejemplo, en Arberia, un lugar que, francamente, tuve que buscar dónde estaba. Se llama así a las provincias meridionales de Italia, aquellas a donde hubo una fuerte inmigración de Albania. No ha sido de mi agrado, por ejemplo, enterarme por casualidad, porque la editorial nunca me lo notificó, que Las historias prohibidas se habían publicado en Turquía. Lo supe porque alguien las encontró en Internet. Y tengo un cuento, “El beso de la patria”, que se publicó por primera vez en 1986, y aparece en otra antología, Album, años más tarde, una antología que el Board of Education (ahora Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York) adoptó para ser leída en cursos de Colocación Avanzada (Advanced Placement) en escuela preparatoria y que se enseña en muchas universidades, y supe que ese cuento estaba ahí por un amigo maestro de preparatoria que me dijo un día que a sus estudiantes les gustaba mucho. Yo no sabía de qué cuento hablaba. Anécdotas como estas tengo muchas más de las que quisiera tener. Ahora estoy muy contenta de que lo que escribo se publique en la editorial Campana. La relación de esta editorial con los escritores y escritoras es justa, es como debe ser.


15. ¿Por qué escribes?

Yo me lo pregunto con frecuencia. La respuesta más cercana a lo que siento es que escribo porque me gusta mucho hacerlo, porque es la mejor manera que he encontrado de sentirme viva. Podría decir que es una manera de poner mi mundo en orden porque escribir me da tranquilidad. Puedo hacer un sinfín de cosas, hacer todo lo que se supone que haga en un día o en una semana y si no he escrito me da la sensación de que no he hecho lo que debía. Tal vez… tal vez siempre espero que mi madre va a leerlo y a decirme, qué fantástico, Sonia. Pero mi madre, cuando le enseñé aquel cuento que escribí a los siete años, continuó friendo plátanos maduros y ahora, está muerta.
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