Last Updated: Thursday, June 21, 2007



Fecha de publicación: Octubre 2003
Edición en inglés
4 de octubre de 2007

ISBN 978-0-9725611-0-5 (0-9725611-0-2)
Encuadernación: Rústica, 227 páginas
$14.95


SONIA RIVERA- VALDÉS

SINOPSIS:
Historias de mujeres grandes y chiquitas

FRAGMENTOS:
Historias de mujeres grandes y chiquitas

RESEÑAS:
Una nota necesaria para Sonia Rivera-Valdés: Historias de mujeres grandes y chiquitas
Las mujeres subversivas de Sonia Rivera-Valdés
Las Historias de mujeres grandes y chiquitas de Sonia-Rivera Valdés

FRAGMENTOS DE HISTORIAS DE MUJERES GRANDES Y CHIQUITAS

Y jugábamos a soñar y enumerábamos listas de deseos que cumpliríamos cuando estuviéramos en libertad. Soñábamos con sentir el amor de nuevo, con la piel de un hombre junto a la nuestra. Y nos abrazábamos y nos acariciábamos, ¿y donde está el límite entre la caricia lícita y la prohibida? En aquel espacio de contornos desfigurados y sin tiempo, era difícil precisarlo. (Como en la cárcel)

El se acercó despacio y la besó en el cuello primero y después en la boca. Ella respondió sin pudor, sin control. Fue un choque frenético. Enlazados los brazos y las piernas, él trataba de bajar el escote del vestido rojo y ella de desabotonarle la camisa. En el pequeño espacio forcejeaban ambos por tomar la iniciativa en las caricias

Él la abrazó con vehemencia inmovilizándole los brazos a ambos lados del cuerpo y doblando las rodillas se deslizó hasta el suelo sin soltarla, apretado a ella, besándola por sobre el vestido que se iba estrujando con la presión de los labios y los dientes. (El octavo pliegue)

Siguió el consejo por unos meses. Rubén, como el novio de Mygdalia, insistía. Nada anhelaba tanto en esta vida como hacerla suya, y Carmina escuchaba la voz de la amiga: "No metas en danzas lo de alante". Pero un viernes a las cinco de la mañana, esperando ansiosa a que amaneciera el sábado leía el "Tómame ahora que aún es temprano" de Juana de Ibarbouro y decidió que quería "ser" de Rubén Carretero. Lo decidió porque no pudo imaginar que iba a querer el futuro algo, con tanta intensidad, como deseaba sentir a Rubén dentro de ella en esta madrugada de desvelo, y pensó que el resto de su vida iba a lamentar no haber obedecido a una demanda tan fuerte de su cuerpo. (Azul como el añil)

Qué cansada estaba de gente loca. Qué tremendamente cansada. Y se vio a sí misma un montón de años atrás escuchando, una vez vaciaba la botella de cerveza después de comida, las viejas dichas y desdichas amorosas de Mark y recordó la noche de luna llena en que quiso ella que él escuchara sus confesiones, y cómo se negó a oírlas, alegando que no valía la pena revivir historias de amores pasados. Recordó los celos locos de Ada, su acto de amor aguado, la noche que la persiguió por la casa con un cuchillo, al regreso de estudiar para los exámenes de master con una compañera de la universidad, casada y enamorada del marido. Vio a Diana lanzando por la ventana de la cocina tomates, hojas de lechuga, rábanos, pepinos, la ensalada completa, porque ella había almorzado con Ada seis meses después de haber terminado la relación con la ex amante. Recordó aquella manía incurable de Consuelo de consolar a cuánta mujer se cruzaba en su camino, en la cama. Recordó a Silvia, para quien ella siempre era culpable hasta demostrar cien por ciento su inocencia y aún así nunca quedaba convencida. Hasta en Shrinivas pensó, con quien sólo estuvo un fin de semana, pero vaya, bastante que la hizo sufrir el que fuera tan bueno por dos días y después desapareciera de su vida para siempre. Y ahora, esta última, Rocío, mentirosa y calumniadora. Su mamá hubiera dicho que le roncaba el clarinete la suerte que le había tocado. Ella, que estaban de pinga.
(La semilla más honda del limón).


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