Joven y lesbiana, hambrienta y perdida, la voz que
narra estas "escenas para turistas" nos lleva a ver la
sociedad cubana actual por el cristal alternativo de
un ser creativo que sin afán politico sobrevive en una
sociedad que no la acepta y que no la nutre.
El título del libro, Escenas para
turistas, delata el contenido inusual de
esta colección de cuentos, que sarcástica
y sutilmente a la vez, narra los instantes de la vida
cotidiana en la Cuba que pocos turistas experimentan
al visitar sus encantos.
La madre que adora a Dios, pero se desvive por un
vestido; los límites de combinaciones para cocinar
macarrones, huevos y frijoles; el fugaz y único escape
que provee la marihuana de ese mundo limitado y
desesperante; la visita del Papa y sus consecuencias
en un país que por mucho tiempo ha pretendido ser
secular; el encuentro sexual de dos mujeres que pronto
se saben observadas por las burlas obsesivas de los
hombres locales que se creen dueños de su intimidad;
las diversiones aburridas de una juventud sin
recursos... al cuadro que pintan estas escenas lo que
le falta, sobre todo, es esperanza.
Sin embargo, lo que tiene, ante todo, es realidad. La
realidad gotea de sus páginas y se va fijando en el
lector y volviéndose en solidaridad con esa generación
joven de cubanos que, alejados de la realidad de sus
progenitores, perciben la propia ayudados por su alto
nivel de educación, por la conciencia de saberse
limitados gracias a la superación que la misma
sociedad que los limita les ha brindado. Es una
contradicción y, en este libro, un callejón sin salida
que, alejando a los personajes del idealismo de sus
padres, los hace golpearse con el realismo extremo y
cortante que atacan con practicidad tratando de
navegar las burocracias y atrasos que los limitan.
Escenas para turistas, si bien presenta
una crítica a la sociedad cubana actual, no
es un llanto por lo que fue, ni por lo que pudiera
ser. La realidad de este libro se cimenta en su neutralidad,
en su narración de las experiencias individuales
de seres que seguramente serían proscritos
en la mayoría de las sociedades.
Cuando la narradora relata su viaje al Toa, lo hace
en presente, con la propiedad del punto de vista
interno que le otorga el haber vivido y crecido en la
sociedad que critica. El ser reclama su derecho a
ser, a la esperanza.
Casi al final de la última escena, la narradora
confiesa: "Me acomodo, vivo la situación sin
tragedias", lo que resume la actitud de lo que parece
ser, según este libro, una generación.
El libro termina con la definición de un túnel:
"galeria subterranean abierta artificialmente"...
y con el túnel llega la idea de la luz, que
el lector ha recibido con la lectura de esta obra
y que la joven voz que narra seguramente terminará
encontrando dentro de su propia humanidad.