En los años 1953 y 54 estudié en el
Liceo Avellaneda, en la ciudad de Rosario, Argentina,
Uno de mis condíscipulos se llamaba Vicente
Drago y decía que tenía una hermanita.
En el 55, durante el derrocamiento de Juan Perón,
abandoné el colegio para comenzar a garabatear
cuartillas en el el periódico local La Tribuna.
Nunca más volví a ver a Vicente. Casi
un cuarto de siglo más tarde en Nueva York,
conocí a su hermanita, Margarita Drago. Acababa
de llegar de Okland, California, después de
cinco años de cárcel transcurrridos
entre la Alcaidía de Mujeres, en Rosario, y
la cárcel de Villa Devoto en Buenos Aires.
Esos años eran el precio de sus inquietudes
sociales.
FRAGMENTOS DE LA MEMORIA, el libro de recuerdos de
esos días carcelarios de Margarita Drago que
acaba de publicar Editorial Campana, es un recuento
honesto de sus experiencias personales y el reflejo
del proceso que vivió Argentina durante hasta
1983, cuando los militares entregaron el gobierno
y supuestamente el poder, a un gobierno civil encabezado
por Raúl Alfonsín.
Margarita Drago no sólo habla sobre ella en
FRAGMENTOS DE LA MEMORIA, sino también de sus
compañeras en las cárceles, de María
Julia, Rosalba, Elvira, La Turca, de las lealtades
que se construían con los sufrimientos comunes,
que en otras formas y dimensiones conformaban la tragedia
de un país sometido a un terrorismo de estado
despiadado, que obligaba a los ciudadanos a vivir
en una situación de libertad condicionada.
Un libro olvidado en un rincón en una casa
o una idea expresada en tono alto en un café
podían convertirse en los más horrendos
tormentos físicos y una muerte aun más
trágica.
El abuso del ser humano y la prepotencia física
están reflejados en FRAGMENTOS DE LA MEMORIA
con una admirable economía de palabras; se
puede llegar a ser parte de situaciones y sentimientos,
sin esfuerzo en la lectura del texto. Cada línea
dice algo de la presa política Margarita Drago;
cada página es una semblanza de una Argentina
a la deriva, maltratada y avasallada. Es necesario
recordar que Drago fue detenida durante la presidencia
de Isabel Perón, el 24 de octubre de 1975 y
que el golpe militar se produjo el 24 de marzo de
1976. Para los detenidos legales, ya había
entonces secuestrados y desaparecidos, nada cambió,
pues hacía tiempo que los militares tenían
el sistema carcelario bajo su control.
Además de su situación como detenida,
Drago habla sobre su familia, su madre y hermano siempre
enfermos, su padre, un albañil de piel dura,
que pese a sus dolores físicos era un símbolo
de no claudicación para la hija presa. A los
padres los conocí brevemente en 1986 en un
viaje a Rosario. Vicente estaba internado y los padres
me pidieron no verlo. Murió cuatro meses más
tarde. Ahora me he reencontrado con él en FRAGMENTOS
DE LA MEMORIA.
También me he encontrado en el libro con el
cura Christian Von Wernich, recientemente condenado
a cadena perpetua acusado por la muerte de cuatro
detenidos y complicidad en desapariciones, a través
de Mario Hugo Bellavigna, cura también, de
la cárcel de Villa Devoto, que como aquél,
incitaba a la delación y negaba la piedad del
hombre para con los otros hombres.
Objetivo, nostálgico, sin propuestas demagógicas
ni odios, FRAGMENTOS DE LA MEMORIA ayuda a incursionar
en un pasado que nunca pertenecerá al olvido,
porque es memoria de sangre para los argentinos.