 |
AUTORAS
SINOPSIS:
• Historias
de mujeres grandes y chiquitas
• Fragmentos
de la memoria: Recuerdos de una experiencia carcelaria
(1975-1980)
• Para
que no se me olvide
RESEÑAS:
• Una nota necesaria para
Sonia Rivera-Valdés: Historias de mujeres grandes
y chiquitas
• Las
mujeres subversivas de Sonia Rivera-Valdés
• Las
historias de mujeres grandes y chiquitas de Sonia Rivera-Valdés
|
 |
PRESENTACIÓN
DE SUSANA REISZ DURANTE LA LECTURA DE MARGARITA DRAGO,
SONIA RIVERA VALDÉS Y PAQUITA SUÁREZ COALLA
EN BARNES & NOBLE, LINCOLN TRIANGLE, NEW YORK, 28
DE SEPTIEMBRE DE 2007
por Susana Reisz
Es para mí un honor y un placer colaborar
con Campana, una editorial nacida de LART y que, como
LART, realiza una labor pionera de promoción
y difusión artística y cultural dirigida
al mundo latino de los Estados Unidos, un mundo en
el que el español y el inglés coexisten
y dialogan de múltiples maneras y en múltiples
espacios sociales. Lo novedoso de LART y de su hija,
Campana, es su organización cooperativa, anti-jerárquica
e integrativa, que acoge por igual a un público
adulto y a un público infantil, a escritores
consagrados y a escritores talentosos pero menos conocidos,
al español en todas sus variantes regionales
y al inglés, al asturiano y a todas las lenguas
que en el futuro quieran sumarse a una identidad ‘latina’
concebida como flexible y abierta por todos los integrantes
de la institución.
Los tres libros que hoy presenta la editorial Campana
son una excelente muestra de esa unidad en la diversidad.
Las obras de las tres autoras aquí reunidas
muestran mundos sociales , culturales y lingüisticos
diversos y nacen de circunstancias históricas
y políticas también diversas. Sin embargo
las tres autoras coinciden en un propósito
ético, estético y político-genérico
común que las constituye, más allá
de sus relaciones personales y de sus idiosincracias
estilísticas, en un ‘colectivo polifónico’.
Las tres desafían distintas formas de establishment
y cavan su morada en su propia lengua (ya sea que
se trate del español-cubano, del español-argentino
o del asturiano) con la audacia, la tenacidad y la
falta de miedo de exponerse de quien, acuciado por
la necesidad de sobrevivir, se aventura en territorio
desconocido. Estas tres escritoras son migrantes en
el sentido literal en que lo somos muchos de los aquí
reunidos pero lo que es mucho más importante
para su labor artística es que también
son migrantes (quizás perpetuas nómadas)
en el interior de su propia lengua y cultura.
El segundo libro de Sonia Rivera-Valdés, que
ahora aparece en inglés bajo el título
Stories of Little Women and Grown-Up Girls es en ciertos
aspectos una prolongación del ya famoso Las
Historias prohibidas de Marta Veneranda pero, al mismo
tiempo, es también una muestra de la vitalidad
creativa y de la capacidad de renovación de
su autora.
Como en Las Historias prohibidas , hay vasos comunicantes
entre la mayoría de los relatos, a través
de personajes que están interconectados y que
reaparecen en varios cuentos. La novedad en este caso
consiste en la intensificación del procedimiento
en la primera parte del libro, con el resultado de
que los cuatro relatos que se presentan con el título
global “Ana en cuatro tiempos”, se pueden
leer como los capítulos, algo distanciados
en el tiempo, de una nouvelle inspirada en la infancia
y la trágica muerte de la gran escultora cubana-americana
Ana Mendieta.
La voz que relata la historia de Ana representa un
vuelco en el estilo narrativo del libro precedente,
tan marcado por la oralidad y los frecuentes destellos
de humor. Esta voz, es un instrumento sofisticado
y dúctil, puesto al servicio de una visión
infantil del mundo, ingenua y genial al mismo tiempo.
Todas las tristezas de la operación irónicamente
llamada ‘Peter Pan’, que arrancó
a niños de sus hogares habaneros para salvarlos
del “monstruo ruso” y convertirlos temporaria
o definitivamente en falsos huérfanos, están
revividas aquí con una sensibilidad y un lirismo
tan profundos que debo confesar, sin vergüenza,
que me arrancaron lágrimas.
El resto del libro alterna las lágrimas con
la sonrisa irónica, y las entonaciones elegíacas
con los deliciosos toques bufonescos típicos
del libro anterior. Lloramos con la prisionera de
“Como en la cárcel y reímos satisfechas
(especialmente las mujeres) con la lección
ejemplar que le da al amante acomodaticio la profesora
de cello de “El octavo pliegue”.
No faltan aquí los temas “vergozosos”
o “prohibidos” característicos
del primer libro. Pese a esa semejanza, la voz de
la narradora ficiticia de la mayoría de los
cuentos, Martirio Fuentes, articula las experiencias
a veces dolorosas y a veces ridículas de sus
personajes femeninos con un dejo de melancolía
y de profundidad reflexiva que estaban del todo ausentes
en los discursos de los interlocutores de Marta Veneranda.
Este segundo libro de Sonia Rivera Valdés corrobora
lo que mis estudiantes y yo ya sabíamos después
de gozar y de sentirnos sacudidos por la lectura de
Las historias prohibidas de Marta Veneranda. Una vez
más se puede comprobar que la narrativa de
Sonia Rivera-Valdés realiza en alguna medida
el ideal que Cortázar quiso alcanzar con su
Libro de Manuel : construir un ónimbus lingüístico
apto para todos los pasajeros y luego, una vez que
todo el mundo sin distinción esté adentro
del ómnibus (porque todo el mundo puede entender
de qué se habla en el libro), apretar el fierro
y acelerar a fondo para hablar de tantas cosas de
las que usualmente no se habla…
Quienes decidan subirse a ese ómnibus (cosa
que recomiendo) deben prepararse para las aceleradas
a fondo de la conductora y para un trayecto que lo
obligará a confrontarse con lo más oscuro
y lo menos razonado de sus propias vergüenzas
y miedos. Volverán a los más temidos
e inquietantes secretos de infancia, a los tabúes
más soterrados, a las verdades más dolorosas
y más cuidadosamente guardadas, a las fantasías
sexuales menos comunicables, a los crímenes
simbólicos o reales en el seno de la pareja
y de la familia primaria. Llorarán, se asustarán
y se reirán como en la montaña rusa
del parque de diversiones. Y después de semejante
viaje se sentiránm liberados de un gran peso,
como quería Aristóteles que se sintiera
el expectador de la tragedia después de asistir
al ritual de los peores crímenes en el seno
de la familia…
Con Paquita Suárez Coalla viajaremos al corazón
de una oralidad tan ceñida y tan primordial
como la que brota de las viejas inscripciones monumentales.
En sus breves textos se deja oír un discurso
oral como de piedra o de tronco, una oralidad despojada
de todo aderezo, como la desnudez de un niño
recién nacido o la cara sin afeites de una
de esas maravillosas campesinas asturianas que despliegan
como joyas sus más lejanos recuerdos para que
la niña guapa que va a ellas con la grabadora
los recoja y no caigan en el olvido.
Paquita, como Sonia, desafía todas las formas
de censura y de autocensura. Tanto en los relatos
testimoniales de sus mujeres asturianas como en sus
propios cuentos (en los que, para sumar desafueros,
no falta lo testimonial ni tampoco lo autobiográfico),
no tiene reparos en abordar temas que fuera del discurso
confidencial se consideran innombrables. Sin embargo,
pienso que su mayor audacia es ignorar los triránicos
dictados de sus antiguos profesores de literatura
y denunciar así, de un modo implícito,
el rol castrador que suelen ejercer todos aquellos
académicos, intelectuales y creadores que por
pertenecer a las élites dominantes se sienten
los dueños del buen gusto y los guardianes
de la ‘alta’ literatura.
Paquita cultiva una muy convincente mímesis
de oralidad, pero no pretende convertir ese rasgo
de su escritura en una norma estética mejor
que otras. Como Sonia Rivera-Valdés, Paquita
Suárez Coalla no lucha contra la ansiedad de
influencia sino por el derecho de crear sus textos
sin preocuparse por hacerlos ingresar en alguna genealogía
literaria consagrada. Podría decirse que las
tres escritoras aquí presentes solo están
en favor de una libertad de expresión irrestricta
pero, para ser totalmente consecuentes con sus ideales
libertarios, no intentan imponérsela a nadie.
Le presté mi ejemplar de Para no olvidarme
a una joven amiga granadina que está aquí
de paso y que prepara una tesis sobre poetas argentinas
del período de la guerra sucia pensando que
el libro de esta autora para ella desconocida podría
interesarle y no me equivoqué. Su rápido
y entusiasta comentario por correo electrónico
al día siguiente me mostró hasta qué
punto lo más modesto, particular y local puede
adquirir la grandeza de lo universal cuando es producto
de un auténtico compromiso humano y artístico
con la realidad que le sirve de soporte al texto.
Pienso que vale la pena transcribir aquí su
opinión: “Me fascinó leerlo. Fue
un viaje brutal, tierno y un poco doloroso hacia mis
abuelas. Las voces están muy bien logradas
y me encanta cómo se entrelazan hasta el final.
Lo que me gustaría es poder conseguirlo en
asturiano, porque tengo dos amigas muy queridas de
allá que lo van disfrutar.” Por cierto
que se lo haremos llegar en asturiano.
A la misma amiga le presté mi ejemplar de las
Memorias de la cárcel de Margarita Drago pero
precisamente porque mi amiga está estudiando
la poesía producida por mujeres en el período
más siniestro de la historia argentina reciente,
hemos quedado en reunirnos en los próximos
días para examinar juntas los muchos valores
del libro y para poner el testimonio de Margarita
en relación con las diversas elaboraciones
poéticas de ese trauma colectivo.
Se ha señalado reiteradamente que el tiempo
de silencio de la dictadura de 1976-83 es también
la época del predominio de estrategias alusivas
y alegóricas en la literatura. La interpretación
del fenómeno varía según los
autores. Unos ven en ese rasgo la consecuencia más
o menos directa del deseo de eludir la censura. Otros
, como Piglia, tienden a ver allí el producto
de personales necesidades artísticas y de desarrollos
histórico-literarios relativamente independientes.
Por mi parte, me inclino a pensar que hay bastante
más que una mera coincidencia entre el imperio
externo del terror y la práctica literaria
de la alegoría y de los desplazamientos metonímicos
o simbólicos. El nexo causal tal vez no sea
el miedo al castigo pero sí la imposibilidad
de nombrar experiencias que rebasan el umbral de lo
emocionalmente tolerable.
Después de largos años de poner a prueba
su capacidad de recordar y de articular literariamente
lo intolerable Margarita Drago ha triunfado en una
empresa extraordinariamente difícil. Su escritura
pone constantemente en evidencia el compromiso con
la verdad y el pacto de honestidad y sinceridad con
el lector propios del testimonio, un género
textual que ha dado voz a las víctimas de la
represión y el terror. Al mismo tiempo, ha
logrado conjugar la verdad más atroz con el
lirismo y el vuelo imaginativo característicos
del discurso poético. En su lucha por la libertad
de expresar lo menos expresable de sí misma
y de muchas otras mujeres que compartieron su suerte
en la cárcel Margarita Drago ha logrado superar
todo tipo de barreras, incluida la de su desconfianza
inicial en sus propias capacidades creadoras.
Libre ya de las ataduras internas producidas por el
trauma carcelario y de las inhibiciones y temores
derivados de sus años de formación académica
en medios pretenciosos y rígidos, esta mujer
valiente nos invita a leer un libro honesto y bello,
estremecedor y a la vez reconfortante, en el que la
firmeza ideológica, la solidaridad y la fe
en un futuro mejor triunfan sobre todas las formas
del terror: como Sonia Rivera-Valdés y como
Paquita Suárez-Coalla, Margarita Drago cuestiona
de modo implícito pero muy claro todos los
discursos del poder y denuncia los daños producidos
por un sistema más antiguo, menos visible y
más persistente que el de las tiranías
transitorias: un sistema que acepta el autoritarismo,
la intolerancia y la violencia como un orden natural,
emanado de un derecho paterno no sujeto a cuestionamientos.
LART y la editorial Campana representan , para nuestra
fortuna, el reverso de ese sistema abominable. Ambos
son espacios de diálogo y de trabajo común
en los que campean la creatividad, la flexibilidad
y un espíritu de cooperación capaz de
mover montañas.
|
 |