Last Updated: Thursday, November 1, 2007


AUTORAS

SINOPSIS:
Historias de mujeres grandes y chiquitas
Fragmentos de la memoria: Recuerdos de una experiencia carcelaria (1975-1980)
Para que no se me olvide


RESEÑAS:
Una nota necesaria para Sonia Rivera-Valdés: Historias de mujeres grandes y chiquitas
Las mujeres subversivas de Sonia Rivera-Valdés
Las historias de mujeres grandes y chiquitas de Sonia Rivera-Valdés

PRESENTACIÓN DE SUSANA REISZ DURANTE LA LECTURA DE MARGARITA DRAGO, SONIA RIVERA VALDÉS Y PAQUITA SUÁREZ COALLA EN BARNES & NOBLE, LINCOLN TRIANGLE, NEW YORK, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2007
por Susana Reisz

Es para mí un honor y un placer colaborar con Campana, una editorial nacida de LART y que, como LART, realiza una labor pionera de promoción y difusión artística y cultural dirigida al mundo latino de los Estados Unidos, un mundo en el que el español y el inglés coexisten y dialogan de múltiples maneras y en múltiples espacios sociales. Lo novedoso de LART y de su hija, Campana, es su organización cooperativa, anti-jerárquica e integrativa, que acoge por igual a un público adulto y a un público infantil, a escritores consagrados y a escritores talentosos pero menos conocidos, al español en todas sus variantes regionales y al inglés, al asturiano y a todas las lenguas que en el futuro quieran sumarse a una identidad ‘latina’ concebida como flexible y abierta por todos los integrantes de la institución.

Los tres libros que hoy presenta la editorial Campana son una excelente muestra de esa unidad en la diversidad. Las obras de las tres autoras aquí reunidas muestran mundos sociales , culturales y lingüisticos diversos y nacen de circunstancias históricas y políticas también diversas. Sin embargo las tres autoras coinciden en un propósito ético, estético y político-genérico común que las constituye, más allá de sus relaciones personales y de sus idiosincracias estilísticas, en un ‘colectivo polifónico’. Las tres desafían distintas formas de establishment y cavan su morada en su propia lengua (ya sea que se trate del español-cubano, del español-argentino o del asturiano) con la audacia, la tenacidad y la falta de miedo de exponerse de quien, acuciado por la necesidad de sobrevivir, se aventura en territorio desconocido. Estas tres escritoras son migrantes en el sentido literal en que lo somos muchos de los aquí reunidos pero lo que es mucho más importante para su labor artística es que también son migrantes (quizás perpetuas nómadas) en el interior de su propia lengua y cultura.

El segundo libro de Sonia Rivera-Valdés, que ahora aparece en inglés bajo el título Stories of Little Women and Grown-Up Girls es en ciertos aspectos una prolongación del ya famoso Las Historias prohibidas de Marta Veneranda pero, al mismo tiempo, es también una muestra de la vitalidad creativa y de la capacidad de renovación de su autora.

Como en Las Historias prohibidas , hay vasos comunicantes entre la mayoría de los relatos, a través de personajes que están interconectados y que reaparecen en varios cuentos. La novedad en este caso consiste en la intensificación del procedimiento en la primera parte del libro, con el resultado de que los cuatro relatos que se presentan con el título global “Ana en cuatro tiempos”, se pueden leer como los capítulos, algo distanciados en el tiempo, de una nouvelle inspirada en la infancia y la trágica muerte de la gran escultora cubana-americana Ana Mendieta.

La voz que relata la historia de Ana representa un vuelco en el estilo narrativo del libro precedente, tan marcado por la oralidad y los frecuentes destellos de humor. Esta voz, es un instrumento sofisticado y dúctil, puesto al servicio de una visión infantil del mundo, ingenua y genial al mismo tiempo. Todas las tristezas de la operación irónicamente llamada ‘Peter Pan’, que arrancó a niños de sus hogares habaneros para salvarlos del “monstruo ruso” y convertirlos temporaria o definitivamente en falsos huérfanos, están revividas aquí con una sensibilidad y un lirismo tan profundos que debo confesar, sin vergüenza, que me arrancaron lágrimas.

El resto del libro alterna las lágrimas con la sonrisa irónica, y las entonaciones elegíacas con los deliciosos toques bufonescos típicos del libro anterior. Lloramos con la prisionera de “Como en la cárcel y reímos satisfechas (especialmente las mujeres) con la lección ejemplar que le da al amante acomodaticio la profesora de cello de “El octavo pliegue”.

No faltan aquí los temas “vergozosos” o “prohibidos” característicos del primer libro. Pese a esa semejanza, la voz de la narradora ficiticia de la mayoría de los cuentos, Martirio Fuentes, articula las experiencias a veces dolorosas y a veces ridículas de sus personajes femeninos con un dejo de melancolía y de profundidad reflexiva que estaban del todo ausentes en los discursos de los interlocutores de Marta Veneranda.

Este segundo libro de Sonia Rivera Valdés corrobora lo que mis estudiantes y yo ya sabíamos después de gozar y de sentirnos sacudidos por la lectura de Las historias prohibidas de Marta Veneranda. Una vez más se puede comprobar que la narrativa de Sonia Rivera-Valdés realiza en alguna medida el ideal que Cortázar quiso alcanzar con su Libro de Manuel : construir un ónimbus lingüístico apto para todos los pasajeros y luego, una vez que todo el mundo sin distinción esté adentro del ómnibus (porque todo el mundo puede entender de qué se habla en el libro), apretar el fierro y acelerar a fondo para hablar de tantas cosas de las que usualmente no se habla…

Quienes decidan subirse a ese ómnibus (cosa que recomiendo) deben prepararse para las aceleradas a fondo de la conductora y para un trayecto que lo obligará a confrontarse con lo más oscuro y lo menos razonado de sus propias vergüenzas y miedos. Volverán a los más temidos e inquietantes secretos de infancia, a los tabúes más soterrados, a las verdades más dolorosas y más cuidadosamente guardadas, a las fantasías sexuales menos comunicables, a los crímenes simbólicos o reales en el seno de la pareja y de la familia primaria. Llorarán, se asustarán y se reirán como en la montaña rusa del parque de diversiones. Y después de semejante viaje se sentiránm liberados de un gran peso, como quería Aristóteles que se sintiera el expectador de la tragedia después de asistir al ritual de los peores crímenes en el seno de la familia…

Con Paquita Suárez Coalla viajaremos al corazón de una oralidad tan ceñida y tan primordial como la que brota de las viejas inscripciones monumentales. En sus breves textos se deja oír un discurso oral como de piedra o de tronco, una oralidad despojada de todo aderezo, como la desnudez de un niño recién nacido o la cara sin afeites de una de esas maravillosas campesinas asturianas que despliegan como joyas sus más lejanos recuerdos para que la niña guapa que va a ellas con la grabadora los recoja y no caigan en el olvido.

Paquita, como Sonia, desafía todas las formas de censura y de autocensura. Tanto en los relatos testimoniales de sus mujeres asturianas como en sus propios cuentos (en los que, para sumar desafueros, no falta lo testimonial ni tampoco lo autobiográfico), no tiene reparos en abordar temas que fuera del discurso confidencial se consideran innombrables. Sin embargo, pienso que su mayor audacia es ignorar los triránicos dictados de sus antiguos profesores de literatura y denunciar así, de un modo implícito, el rol castrador que suelen ejercer todos aquellos académicos, intelectuales y creadores que por pertenecer a las élites dominantes se sienten los dueños del buen gusto y los guardianes de la ‘alta’ literatura.

Paquita cultiva una muy convincente mímesis de oralidad, pero no pretende convertir ese rasgo de su escritura en una norma estética mejor que otras. Como Sonia Rivera-Valdés, Paquita Suárez Coalla no lucha contra la ansiedad de influencia sino por el derecho de crear sus textos sin preocuparse por hacerlos ingresar en alguna genealogía literaria consagrada. Podría decirse que las tres escritoras aquí presentes solo están en favor de una libertad de expresión irrestricta pero, para ser totalmente consecuentes con sus ideales libertarios, no intentan imponérsela a nadie.

Le presté mi ejemplar de Para no olvidarme a una joven amiga granadina que está aquí de paso y que prepara una tesis sobre poetas argentinas del período de la guerra sucia pensando que el libro de esta autora para ella desconocida podría interesarle y no me equivoqué. Su rápido y entusiasta comentario por correo electrónico al día siguiente me mostró hasta qué punto lo más modesto, particular y local puede adquirir la grandeza de lo universal cuando es producto de un auténtico compromiso humano y artístico con la realidad que le sirve de soporte al texto. Pienso que vale la pena transcribir aquí su opinión: “Me fascinó leerlo. Fue un viaje brutal, tierno y un poco doloroso hacia mis abuelas. Las voces están muy bien logradas y me encanta cómo se entrelazan hasta el final. Lo que me gustaría es poder conseguirlo en asturiano, porque tengo dos amigas muy queridas de allá que lo van disfrutar.” Por cierto que se lo haremos llegar en asturiano.

A la misma amiga le presté mi ejemplar de las Memorias de la cárcel de Margarita Drago pero precisamente porque mi amiga está estudiando la poesía producida por mujeres en el período más siniestro de la historia argentina reciente, hemos quedado en reunirnos en los próximos días para examinar juntas los muchos valores del libro y para poner el testimonio de Margarita en relación con las diversas elaboraciones poéticas de ese trauma colectivo.

Se ha señalado reiteradamente que el tiempo de silencio de la dictadura de 1976-83 es también la época del predominio de estrategias alusivas y alegóricas en la literatura. La interpretación del fenómeno varía según los autores. Unos ven en ese rasgo la consecuencia más o menos directa del deseo de eludir la censura. Otros , como Piglia, tienden a ver allí el producto de personales necesidades artísticas y de desarrollos histórico-literarios relativamente independientes. Por mi parte, me inclino a pensar que hay bastante más que una mera coincidencia entre el imperio externo del terror y la práctica literaria de la alegoría y de los desplazamientos metonímicos o simbólicos. El nexo causal tal vez no sea el miedo al castigo pero sí la imposibilidad de nombrar experiencias que rebasan el umbral de lo emocionalmente tolerable.

Después de largos años de poner a prueba su capacidad de recordar y de articular literariamente lo intolerable Margarita Drago ha triunfado en una empresa extraordinariamente difícil. Su escritura pone constantemente en evidencia el compromiso con la verdad y el pacto de honestidad y sinceridad con el lector propios del testimonio, un género textual que ha dado voz a las víctimas de la represión y el terror. Al mismo tiempo, ha logrado conjugar la verdad más atroz con el lirismo y el vuelo imaginativo característicos del discurso poético. En su lucha por la libertad de expresar lo menos expresable de sí misma y de muchas otras mujeres que compartieron su suerte en la cárcel Margarita Drago ha logrado superar todo tipo de barreras, incluida la de su desconfianza inicial en sus propias capacidades creadoras.

Libre ya de las ataduras internas producidas por el trauma carcelario y de las inhibiciones y temores derivados de sus años de formación académica en medios pretenciosos y rígidos, esta mujer valiente nos invita a leer un libro honesto y bello, estremecedor y a la vez reconfortante, en el que la firmeza ideológica, la solidaridad y la fe en un futuro mejor triunfan sobre todas las formas del terror: como Sonia Rivera-Valdés y como Paquita Suárez-Coalla, Margarita Drago cuestiona de modo implícito pero muy claro todos los discursos del poder y denuncia los daños producidos por un sistema más antiguo, menos visible y más persistente que el de las tiranías transitorias: un sistema que acepta el autoritarismo, la intolerancia y la violencia como un orden natural, emanado de un derecho paterno no sujeto a cuestionamientos.

LART y la editorial Campana representan , para nuestra fortuna, el reverso de ese sistema abominable. Ambos son espacios de diálogo y de trabajo común en los que campean la creatividad, la flexibilidad y un espíritu de cooperación capaz de mover montañas.

info@editorialcampana.com   :   19 West 85th Street New York, NY 10024   :   Tel. (845) 559-4757   :   Fax: (212) 721-4062
Editorial Campana © 2005 Editorial Campana. Derechos Reservados / All Rights Reserved.
Inicio   :   Contáctenos   :   Privacy Policy   :   Site Map